La microbiota en cantidades normales, son una serie de microorganismos localizados naturalmente en diversas partes del cuerpo. Dichos microorganismos aportan+ una variedad de beneficios para el organismo. Entre ellos destaca la mejora del proceso digestivo y especializar al sistema inmunitario.
Pero son varias las funciones que cumple la microbiota en el cuerpo humano. En las siguientes líneas se procede a describir cuáles son las funciones de la microbiota en el cuerpo.
Funciones de la microbiota
La microbiota autóctona, es decir, aquella que coloniza de forma permanente, se puede localizar en diversas partes del organismo, como en los intestinos, órganos sexuales, la piel, la cavidad nasofaríngea y la boca. Desde allí cumplen varias funciones.
Modula el desarrollo cerebral
De acuerdo con estudios llevados a cabo en el año 2011, la presencia de bacterias dentro del intestino interviene en el desarrollo cerebral. Por ende, el sistema nervioso y digestivo se encuentran conectados de cierta manera. La investigación sirvió para hacer un postulado referente a la disminución de la actividad motora, en las personas asépticas o libres de gérmenes.
En cambio, en los individuos colonizados por determinados microorganismos, la actividad neuronal y de todo el sistema nervioso se muestra mucho más activa. Los resultados de la investigación han propuesto que la colonización por parte de microbios en los distintos sistemas fisiológicos, interfiere de alguna manera en los distintos mecanismos señalizadores que afectan a los circuitos y redes neuronales.
Esto cambia completamente el control motor y la respuesta ante la ansiedad. En definitiva, es una relación bastante compleja, y en la cual se revelan las conexiones intrínsecas del cuerpo humano.
Protege contra la invasión de otros microorganismos nocivos
Según las investigaciones llevadas a cabo en instituciones educativas de gran reconocimiento y prestigio, el papel más importante de la microbiota es evitar que los agentes patógenos del cuerpo se multipliquen.
Y es que muchos de los microorganismos saludables para el organismo, producen algunas de las bacteriocinas o toxinas proteicas con las cuales, el crecimiento de cepas nocivas se inhibe. En este punto, se destaca la presencia de los lactobacilos; lactobacillus casei, acidophilus y bifidus, los cuales son fácilmente localizados dentro del tracto intestinal y de la vagina.
Ellos sirven para inhibir el crecimiento de los virus y bacterias patógenas como el Virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y la salmonella. Estos se valen de la producción del peróxido de hidrógeno o el ácido láctico para concretar dicha tarea.
Son buenos para la digestión
Gran parte de la microbiota localizada en la zona intestinal, está especialmente diseñada para mejorar la digestión de carbohidratos complejos. Las mencionadas bacterias degradan los polisacáridos de la pared celular de los vegetales. Esto es porque tienen la capacidad de digerir ciertos elementos naturales como la celulosa, la pectina y la hemicelulosa.
Todo este conjunto de transformaciones bioquímicas es lo que permite a las células del organismo absorber cada uno de los compuestos finales. Sin la presencia de la microbiota o bacterias comensales, todo este proceso de digestión sería imposible y por ende, la energía liberada por los alimentos estaría siendo desaprovechada.
La microbiota ayuda a especializar al sistema inmunitario
Con respecto a este punto, otra serie de investigaciones científicas han revelado que este tipo de bacterias tienen un rol bastante importante en los procesos de inducción, entrenamiento y funcionamiento del sistema inmunitario. Esto sucede, porque estos microorganismos son los primeros colonizadores del cuerpo humano y le muestran a los linfocitos T cuáles son las cepas de virus y bacterias útiles para el buen funcionamiento del organismo.
Y por otra parte, le enseñan a este tipo de linfocitos a identificar a las cepas invasoras nocivas para la salud. Según los científicos, esto se conoce de la comunidad como una especialización del sistema inmune. Sin embargo, el estudio propone que la presencia de altas dosis de antibiótico y escasa presencia de patógenos a combatir, puede alterar el funcionamiento de la microbiota.
Esto se ha asociado al considerable aumento de desórdenes del tipo autoinmune y procesos inflamatorios durante los últimos años. Aunque la mayor incidencia se puede denotar en las enfermedades clasificadas como crónicas. Por último, el consumo de alcohol y tabaco o el estrés y los bruscos cambios de dieta, también afectan a la microbiota.




