El sistema inmunológico es una combinación de células, tejidos y órganos que conforman una defensa eficaz para la protección del cuerpo humano ante agentes externos invasores e infecciosos (bacterias virus etc.)
Es un trabajo complejo donde cada elemento natural del cuerpo entra en acción para atacar y destruir todo foco infeccioso dentro del organismo de forma general.
Sin embargo, los cambios ambientales y el impacto de la evolución humana han influido tanto en la creación como en la mutación de agentes invasores externos, que son capaces de ingresar al cuerpo y causar daños a gran escala.
Por lo que el sistema inmunológico también evoluciona ante la exposición a agentes extraños, cuando la inmunidad innata no es capaz de acabar con el foco infeccioso de manera rápida.
De esta forma las células localizan antígenos y comienzan a “estudiar” la forma más eficaz de acabar con ellos. Asimismo crean una memoria celular específica para cada uno de las sustancias no naturales que logran neutralizar.
A esto se le llama inmunidad adquirida, es el proceso de aprendizaje que realizan las células innatas al almacenar y recordar información específica de las características de un antígeno que pudo ser eliminado con anterioridad, luego de un proceso de reconocimiento adaptación y respuesta eficaz.
Todo con el objetivo de que el cuerpo sea capaz de responder de manera más rápida y eficaz ante el agente infeccioso ante una próxima exposición.
Participantes de la protección especializada
La inmunidad adquirida es el resultado de un proceso que le lleva tiempo al organismo. Procesar información genética de virus, o de rasgos de composición celular no es tan sencillo.
Se requiere un trabajo completo entre varios participantes del cuerpo para lograrlo. Los principales componentes de la inmunidad adquirida son:
Los linfocitos
Son células de inmunidad (un tipo de glóbulos blancos) cuya función principal es la creación de anticuerpos. Estos se subdividen en:
Células B
Se producen en la medula ósea, y se encargan de la elaboración de proteínas gamma y globulina, capaces unirse a través de sus receptores a antígenos existentes.
Si es la primera vez que este entra al organismo, las células B, elaboran una capa de células plasmáticas con la función de reconocer la estructura e información del agente (formando células diana) para la producción de anticuerpos.
En caso de ser repetitivo, el objetivo es dar una respuesta marcando el antígeno y así la neutralización sea rápida y eficaz para eliminarlo con la colaboración de células T. Como parte de este proceso, cuando se encuentran un antígeno y una célula B, esta una vez que madura libera anticuerpos que se clasifican en IgD, IgM, IgG y IgE.
Células T
Se forman de las células madres de la medula ósea, y recorren el sistema circulatorio y linfático como un vigilante perenne, atento a la presencia de antígenos en el organismo.
Su funcionamiento se activa luego de la reacción en cadena del trabajo de las células B, ya que por sí solas las células T no pueden reconocer a un antígeno.
Una vez activadas y en contacto con el antígeno, la célula T se multiplica y busca las células anómalas con el objetivo de reconocerla, y responder a esta destruyéndola.
Citocinas
Son proteínas catalogadas como las mensajeras del sistema inmune y su función crucial radica en el equilibrio controlado del crecimiento celular.
Al momento de detectar un agente externo infeccioso se activan y liberan citocinas con la finalidad de enviar señales al sistema inmune, y al resto de las células para que cumplan sus funciones de protección
Células dendríticas
Son un tipo de fagocito ubicadas en los ganglios linfáticos y tejidos del cuerpo humano. Su función principal es ingerir y procesar los antígenos para luego presentarlos a las células T, lo que les facilita la identificación informática
celular para atacarlos y destruirlos.
También pueden presentarles antígenos intactos a las células B mediante un inmunocomplejo, en el cual las dendríticas unen un anticuerpo a un antígeno.
Cascada enzimática o sistema de complemento
Se le llama así porque su funcionalidad es extensa y se basa principalmente en el apoyo benéfico para aumentar la eficiencia de los anticuerpos, y la fagocitosis.
Lo conforman alrededor de 30 proteínas que se activan y trabajan en forma secuencial. Su finalidad radica en la destrucción directa de bacterias adhiriéndose a ellas, facilitando a las células inmunitarias a reconocer agentes externos
infecciones específicos y atacarlos.
Promueve la formación de anticuerpos y ayuda al organismo a eliminar células muertas, así como la neutralización de virus para que las células puedan “estudiar” la forma de destruirlo.




